Ficha VIII de XIII

Apolo

La victoria sobre la violencia propia Razón / DesbordeEje II · Apolo / Dioniso
Animal sagrado El ratón, el cuervo

Medén ágan. Gnóthi sautón.

Inscripciones en el pronaos del templo de Delfos

Apolo es el más griego de los dioses —y sin embargo no aparece en el lineal B, la escritura más antigua que conservamos. Es joven para el panteón, aunque se comporta como el más antiguo. Hijo de Zeus y Leto, mellizo de Artemisa, dios del sol, la música, la medicina, la profecía y las purificaciones. La lista de sus dominios parece imposible para un solo principio. La respuesta está en su origen oscuro.

Apolo no nació en el Olimpo: nació bajo tierra, en un lugar donde nunca brillaba el sol, asociado a un ratón oracular consultado en un templo de la Gran Diosa. Conquistó Delfos matando a Pitón, la serpiente de la Madre Tierra. Pero para incorporar la mirada de Pitón —para ver desde lo que acababa de destruir— tuvo que matar al dragón e interiorizarlo. Roberto Calasso,en La locura que viene de las ninfas, dice que Atenea llevaba la mirada de la Gorgona en su égida; Apolo lleva la de Pitón en su oráculo.1 El dios de la luz obtiene su fuerza de lo que aprendió en la oscuridad.

La etimología de su nombre, según Plotino, significa 'negación de la pluralidad': no-muchos, la Unidad. Para los pitagóricos, Apolo era la mónada. Esto ilumina el aspecto aparentemente paradójico de sus dominios, la música, la medicina y la profecía son todas formas de encontrar el principio único detrás de la multiplicidad aparente.

Las dos sentencias de Delfos —medén ágan (nada en exceso) y gnóthi sautón (conócete a ti mismo)— no son llamados a la moderación burguesa. En su sentido teleológico, el autoconocimiento significa reconoce que no eres un dios, comprende tu distancia respecto a lo divino. El motivo de Apolo es el autodominio del entusiasmo, la alianza entre pasión y razón que no aplasta a ninguna de las dos.

Pathosformeln visuales

Leocares (atribuido), Apolo de Belvedere (siglo IV a.C., copia romana)

Museo Pío-Clementino, Vaticano

Apolo en el momento posterior al disparo: el brazo todavía extendido, la mirada fija en el objetivo invisible. Pathosformel de la acción cumplida que el cuerpo todavía sostiene, la tensión que persiste después del gesto.

Domenichino, Apolo matando a Pitón (1616–1618)

Galería Borghese, Roma

Apolo disparando sus flechas al dragón. La conquista del caos por la forma, el instante en que la luz somete a lo que viene de las profundidades.

Waterhouse, John William, Apolo y Dafne (1908)

Colección privada

Apolo persiguiendo a Dafne antes de la transformación. El dios que, por primera vez, pierde. La ninfa que prefiere convertirse en árbol a ser poseída.

Notas
1.Calasso, Roberto. La locura que viene de las ninfas. Trad. Joaquín Jordá. Anagrama, 2015, pp. 45–62. La imagen del ojo de Pitón incorporado por Apolo es central en el argumento de Calasso: el dios de la luz obtiene su capacidad oracular al interiorizar la mirada de lo que destruyó.