Ficha VII de XIII

Afrodita

El poder de la desnudez Fecundidad celesteEje IV · Deméter / Afrodita
Animal sagrado La paloma, el gorrión

Inmortal Afrodita la del trono pintado,
la hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego.

Safo, Inmortal Afrodita

Afrodita no tiene nombre griego. Llegó de Oriente y trajo consigo una doble naturaleza que los griegos nunca terminaron de resolver: Afrodita Urania, nacida de Urano, diosa del amor puro; y Afrodita Pandemo, hija de Zeus y Dione, diosa del amor vulgar. Incluso el planeta que hoy lleva su nombre romano era concebido por los astrónomos griegos como dos cuerpos distintos: Phosphoros, el lucero del alba, y Heosphoros, la estrella del atardecer. La dualidad es su condición constitutiva.1

Su origen mítico más poético pertenece al relato de Hesíodo en el que Urano, mutilado por Cronos, su miembro flotando en el mar, espuma blanca que crece y se transforma en una doncella. Donde ella pisa, la tierra florece. A diferencia de Artemisa, que se desprende del mundo para alejarse, Afrodita pertenece: llega y se queda. Sus palomas —heredadas de su madre Dione— son las antecesoras de la paloma del Espíritu Santo; servían para la determinación de los augurios, profetizaban en el bosque de Dodona. El amor, para los griegos, también era una forma de conocimiento.

Cuando Hefesto la descubre con Ares, Afrodita no se disculpa. En el pensamiento griego, a diferencia del judeocristiano, no hay culpa en la desnudez ni vergüenza en el deseo.2 Cuando los demás dioses se ofrecen a tomar el lugar de Ares, el relato no señala la infidelidad de Afrodita sino la libertad radical del deseo. El motivo de Afrodita es el poder de quien asume su dualidad y hace de ella su fortaleza.

David Abram lo formuló desde otro ángulo en Devenir animal: 'La atracción que nos mantiene pegados al suelo fue alguna vez conocida como Eros. La antigua afinidad entre gravedad y deseo se mantiene evidente cuando decimos que hemos caído perdidamente enamorados.' La gravedad como deseo. La pertenencia como decisión.

Pathosformeln visuales

Praxíteles (original perdido), Afrodita de Cnido (siglo IV a.C., copia romana)

Museo Vaticano, Roma

Primera representación femenina desnuda en la escultura griega monumental. La mano cubriendo el pubis en gesto ambiguo —¿protección o invitación? Pathosformel de la desnudez, el poder del cuerpo.

Botticelli, Sandro, El nacimiento de Venus (c. 1484–1486)

Galleria degli Uffizi, Florencia

Afrodita emergiendo de la concha marina. La belleza que llega desde el mar, ya formada, lista para ser recibida. La concha como umbral entre lo informe y lo visible.

Tiziano Vecellio, Venus de Urbino (1538)

Galleria degli Uffizi, Florencia

Afrodita recostada mirando directamente al espectador. Pathosformel de la desnudez activa: el cuerpo que observa y no solo es observado. El poder del deseo como mirada recíproca.

Notas
1.Sobre la doble genealogía de Afrodita, véase: Platón, El banquete, 180d–181a, donde Pausanias distingue entre Afrodita Urania e Afrodita Pandemo. Carson, Anne. Eros the Bittersweet. Princeton University Press, 1986.
2.Agamben, Giorgio. Desnudez. Trad. Mercedes Ruvituso. Adriana Hidalgo, 2011. El dispositivo que produjo la escisión entre desnudez y culpa en el pensamiento judeocristiano es exactamente lo que Afrodita precede y contradice.