Ares es el dios de la guerra, aunque no un dios admirado. Homero lo llama furioso e insensato en la Ilíada; los propios olímpicos lo desprecian. Su origen es tracio —bárbaro, según los griegos clásicos— y su presencia en el panteón es casi una concesión: se lo tolera porque su función es necesaria, aunque nadie quiera reconocerlo. En la isla de Cos, como vimos en el estudio del canon, Ares es excluido del panteón local, cuando el sistema prefiere la legitimación heroica, el dios del furor instintivo sobra.
Sus buitres dicen más de él que cualquier genealogía. Aves liminales por excelencia, sus garras no están hechas para matar sino para desplazarse. Se alimentan de los muertos, de los despojos de las batallas. En el zoroastrismo persa, los buitres consumían los cuerpos de los difuntos en las 'torres del silencio' para evitar que contaminaran la tierra sagrada. Ares y sus buitres realizan el trabajo sucio que el sistema necesita pero no quiere ver.
La escena más reveladora del mito ocurre en una cama: Ares y Afrodita descubiertos por Hefesto en el lecho conyugal, atrapados en una red de metal ante los otros dioses. Cualquier otro olímpico habría sucumbido a la vergüenza o el furor. Ares rió. Y esa risa contagió a todos los presentes. Para los griegos, la risa tenía dos palabras: gelao (brillo, alegría compartida) y katagelao (risa despectiva, de arriba hacia abajo). La de Ares es la primera: la del que acepta la situación sin dramatizarla.
Sus hijos son Phobos (miedo) y Deimos (terror), pero también Eros (deseo) y Harmonía, frutos de su unión con Afrodita. El humanista Pico della Mirandola escribió: 'No existe belleza alguna en una naturaleza simple.'1 Ares da pruebas de que una fuerza disruptiva puede abrir el espacio para que algo bello pueda crecer.
Pathosformeln visualesAnónimo, Ares Ludovisi (siglo IV a.C., copia romana del siglo I d.C.)
Museo Nazionale Romano, Roma
Ares sentado, el cuerpo en reposo pero la postura lista para el salto. Un pequeño Eros juega a sus pies. Pathosformel de la violencia en suspensión: el amor como juego a los pies de la guerra.
Velázquez, Diego, La fragua de Vulcano (Ares descubierto) (1630)
Museo del Prado, Madrid
Apolo revela el adulterio de Ares a Hefesto; los cíclopes dejan de trabajar y miran. Pathosformel de la exposición: el dios de la guerra en su momento más vulnerable, fuera de su elemento.
Rubens, P. P., Consecuencias de la guerra (Marte expulsado por Venus) (1638)
Palazzo Pitti, Florencia
Venus retiene a Marte mientras la Discordia, la Furia y el Hambre se llevan Europa.